20050424

Sin título 1

Estoy enamorado de una cabeza en formol. De la increíble paciencia que posee, y aquel soporte que puede brindarme. Cada día me escucha, paciente, tranquila, nunca envejece, no come, no bebe, no mira a nadie más, no se hace amar por otros. Nunca ha necesitado el menor y más simple maquillaje, pues su piel es siempre igual de blanca, de ese hermoso y femenino blanco del que alguna vez también me enamoré. Me mira fija, perdida, de amor verdadero, y no me contradice nunca al yo decirle : "No es cierto, querida, que nos encontramos mejor así que antes de pelearnos?"

20050422

Gambito de yo

Somos peones de Dios. Algunos caballos, torres, alfiles reyes o damas. Y a Dios le gusta jugar contra sí mismo, porque no ha encontrado a nadie tan bueno como él con quién jugar. Así que algunos somos blancos otros somos negros. Aunque en el ajedrez de Dios, quizá sea un poco más complicado. Por ejemplo, algunos nos movemos al mismo tiempo, y es difícil analizar las jugadas. Aún para los mejores jugadores.
Me gusta moverme en diagonal, tan lejos como puedo, nunca me importa quién pueda estar ahí para apoyarme o para atacarme, y por suerte me ha ido muy bien. Aunque admito tener culpa de cada peón negro que saco del tablero, porque es cierto que todos somos blancos, pero todos somos piezas, al final.
He acorralado a varios reyes, y por alguna razón aterrorizo a las damas, hago tropezar a lo caballos, aunque a veces siempre nunca reciba mis heridas, no sé. No sé si estoy herido, muerto o en perfecto estado, ni cuando ha pasado, todo, ¿cuando ha pasado?

20050419

Un cuento sin título

Él se llama Franz. Tal vez porque me gusta el nombre, o quizá por el simple hecho de que no se me ocurrió ninguno mejor. Pero igual se llama Franz, e igual le gusta escribir. Y pasa sus noches escribiendo, porque he aprendido que de noche, solo, se escribe mucho mejor. Y escribe sobre cosas muy variadas, probando estilos y voces, porque, de una u otra forma, el no es tan monótono como yo. Pero hoy, se siente especialmente solo. Y decide escribir sobre dos personas, aunque aún no decide muy bien lo demás. Pero tiene que haber dos personas, que de alguna forma se entiendan, o que se conozcan de menos, o que sueñen el uno con el otro sin conocerse, mejor. Pero él no es el único que escribe, porque, en la casa vecina, vive ella (de quien no conozco el nombre), a quien le fascina también escribir. Pero ella escribe por las mañanas, pasa sus tardes dormida y las noches, es cuando sale a pasear. Por eso nunca se encuentran. Y él escribe sobre ella, porque, en realidad, dice, aquella persona capaz de llenar su vacío tiene que estar mucho más cerca de lo normal. De lo creíble. Y tiene razón, pero no lo sabe, porque si lo supiera, sería feliz. Y no tolero que un personaje sea más feliz que yo. Pero el no escribe sobre el maravilloso encuentro con el que fantasea, porque sabe que así solo conseguiría ser más infeliz. Escribe sobre lo que ella sueña. Y es que ella sueña cosas muy simples. Sobre todo últimamente, desde hace dos, quizá tres meses, que no ha parado de soñar lo mismo: Camina por la calle cuando encuentra un escritor. Pero el escritor no es Franz, ni soy yo. Porque a Franz no lo conoce, todavía, y mucho menos a mí. Se llama S.. Y escribe, la mayor parte del tiempo, obras de teatro. Y de hecho, S. explora últimamente un "nuevo concepto en teatro": Su personaje principal, es de hecho un actor, que hace el papel de otro escritor, al que llamaremos Rogelio. Pero Rogelio no escribe nada en especial, al menos no durante toda la obra, porque S. no es tan buen escritor. Es por eso que ella prefiere alejarse un poco de S., y dedicarse a escribir más detalladamente sobre Rogelio. Y decide que de hecho, Rogelio escribe sobre S.. Pero en este caso S. escribe un cuento, en el que habla de Franz, nombre sacado de quien sabe donde, pero que parece agradarle bastante. Y sucede que Franz está algo aburrido de escribir, y de vivir solo. Y sale a buscarla a ella, porque, en realidad, ella, que escribe el cuento, se imagina lo hermoso que sería encontrarse con el tal Franz. Y es que, además, Franz ya estaba harto de estar escribiendo sobre ella, y no con ella. Porque está harto de escribir la vida de ella. Porque quiere que ella escriba su vida. Y es lo que ella hace, de forma indirecta. Aunque, en realidad, conforme avanza el cuento, pasa S. al segundo plano. Así que ella termina escribiendo la historia de Franz. Y de cómo Franz se enamora de ella. Pero ella es algo malvada, y hace que Franz no la encuentre nunca. Porque le gusta hacer sufrir a sus personajes. Como a mí. Y es por eso que ella no llega nunca realmente a conocer a Franz, más que en sus sueños. Y ni siquiera en sus sueños lo llega a ver. Solo escribe sobre él. Y aún así, Franz se siente menos solo. Y deja de escribir su historia, porque sabe que si la termina podría arruinarla, y escribe mejor algo sobe Rogelio, que de algún modo atrajo su atención. Y decide que Rogelio podrá agradarle a ella. Y ella a él. Y es por eso que hace que se encuentren una noche, en el parque. Pero en este caso, ni él escribe sobre ella, ni ella escribe sobre él. Pero si sueña Rogelio con ella. Y de hecho sueña que ella y él, en sueños, se declaran su amor mutuamente. Y que a la mañana siguiente, confiesan su sueño. Pero no llegan a más, porque a Franz le da miedo llevarlos demasiado lejos. Y decide dejar de escribir, y salir mejor a pasear, porque ya es de mañana. En medio de su paseo, se topa con un tal S., y descubre después que este escribe una historia sobre alguien que escribe una historia sobre un tal Franz. Pero no sabe como llamar al escritor. Y es que es un escritor que en realidad está enamorado de ella, pero que aún no la conoce. Y eso la da una idea a ella, que había estado escribiendo todo esto. Decide que, en la escena siguiente, ella y yo nos encontramos. Lo que me lleva a mi punto, que no había dicho aún, y es por qué escribo sobre Franz. Lo que sucede es que, después de conocerla a ella, decidí inventar a alguien más digno de ella. Y es que ella escribe, y la verdad es que yo no escribo tan bien. Y es que a veces hago cosas contradictorias como el que Franz y ella finalmente sí se encontraran, una noche, en la que Franz decidió dejar de escribir, para salir a buscarme a mí. Y es que le mandé un mensaje con S. de que me encontrara hoy en el parque. Y le pedí a Rogelio que escribiera sobre como ella llegaba ahí y se lo encontraba. Como acabó la noche, no pienso decirlo, porque sinceramente no me gustaría que se metieran en eso. Y mucho menos con ella. Porque digo, bien podría ser yo el que estuviera ahí. Si dejara de escribir y me fuera al parque. Aunque igual y nadie la hace ir también, e igual y nunca la encuentre en el parque. Lo importante sería no olvidar unas rosas. O no, mejor no unas rosas, mejor escribirle un cuento que le pueda gustar.

Crónica de una autobiografía anunciada

Yo no sé que hizo Dios o los doctores, pero del vientre de mi Madre salí bendito. O acaso fuera un contrato. Uno de esos papeluchos tan de moda hoy en día, en los que firma uno hasta abajo si es que quiere uno lo que quiere, porque luego uno ni entiende, y si entiende y no quiere se amuela. No estoy muy seguro, pero creo que recuerdo como era. Y es que esas ideas locas de alguna parte vienen, y yo recuerdo que desde pequeño recordaba estar en una oficina con dos hombres de traje azul. No las mariconadas de ángeles que pintan, no, estos eran ángeles de verdad (pasa tu a saber si eran gays). Recuerdo que recuerdo que no entendía nada, imagínese, sin haber nacido, ¿como puñetas querían que supiera leer? El punto es que Dios era un tipo elegante y mucho mejor vestido que todos, y entró de pronto en la sala. Yo sabía que con ese, no se hacen nunca transas. Lo sentía, como que hasta lo malvado se les salía a los ángeles, sin oler mal. Y que me empieza a contar lo que dice el papel ese, pero yo, maravillado, la verdad es que no le hice tanto caso. No era importante, se sentía la pura buena vibra, ¿para qué desconfiar? Lo que sí, es que me acuerdo de lo primerito que dijo, eso sí me lo aprendí. Para demostrar que si fue cierto. Recuerdo como dijo: “Ahora te lo voy a leer : Yo no se qué hizo Dios o los doctores”. Y al final, recuerdo, concluyó con “firma abajo a la derecha.”.Y eso hice.


Rogelio Consejo